Por lo tanto, el Pity Alvarez entra a MI baño, a darse la tan esperada ducha de las últimas décadas y mientras él se ocupa de sacarse la mugre acumulada (y desintoxicarse un poco de paso), yo armo mi bolso y me voy a la mierda. Porque mejor irse a la mierda que acostarse con el Pity Alvarez.
Para variar les dejo una nota a mis padres diciendo que me tuve que ir pero que quizás algún día vuelva, agarro el bolso y me voy para siempre de mi casa. ¡Y todo por culpa del Pity Alvarez! Que loco ¿no?