"No quiero soñar mil veces las mismas cosas"
Y con eso te lo digo todo.
sábado, 31 de mayo de 2008
miércoles, 14 de mayo de 2008
Vida cotidiana II
En casa. Sola. Padres se fueron a cenar. Amigas cancelaron la salida que veníamos planeando. Todo bien, disfruto quedándome en casa. Me compré un paquete gigante de papas fritas, un Lucky 10 y tengo un dramón para ver. Todo es perfecto. Me gusta quedarme sola en casa. Suena el teléfono a las 22:45hs. Es la Morocha: salgamos, si llegamos a las 12 pasamos gratis. Mmm, estoy demasiado cómoda en el sillón. Me estaré volviendo vieja. Y bueno, le digo sin ganas.
En el baño. Me lleno la mano de algo que pensaba shampú. No hace espuma. Me lleno de nuevo la mano. No hace espuma. Fuck, era acondicionador. No encuentro el delineador: hoy no me pinto.
En el cuarto. No se qué ponerme, asi que le mando un mensaje a la Morocha: decime ya ¿azul, rojo, rosa o verde?. Ella contesta: verde. Dos minutos después: no, azul. Dos minutos después: dice la Rubia que rojo. Me pongo rosa y chau.
En el remis. ¿Me peino? No, no tengo ganas, además no me pinté. No importa. ¿Traje plata? Creo que si. Espero haber cerrado la puerta. El remisero me mira por el espejito, ¿tan mal estaré?
En el Boliche. Promoción: speed + vodka 2 por 1. Tentador. Me divierto bailando como tengo ganas, que va generalmente muy en contra de lo que sería "bailar bien". Bailo y me rio. Después del 2do vaso me doy cuenta de que me está costando enfocar. Pero de alguna manera logro enfocarlo sólo a él, él es ahora mi centro de atención, lo único que veo. Tiene puesto un saco, que agarro atrevidamente para hablarle al oído. El sonríe y me convida de su vaso. Gran error. Su amigo me dice que él tiene novia. Él dice que no. Ante la duda elijo alejarme de él y su saco que me encanta. Que no sea una noche de errores.
En el baño. Me siento en las piernas de la policía, la abrazo y empiezo a criticar a los hombres. Feminismo innato. Me convidan mas vasos. Enorme error.
Otra vez en la pista. Él (el que tiene el saco seductor) me busca, quiere bailar. Me está costando mantenerme parada, lo agarro de la cintura y lo abrazo mucho (para no caerme). Su perfume me encanta. Pero tiene novia. Él me sigue convidando de su vaso. Iluso, piensa que ebria soy fácil. Se equivoca, es al revés. Pero sigo aceptando el vaso y aspirando su perfume. Gigante error
En la calle. Que se yo. En algún momento me debo haber caído porque me duele espantosamente la nalga derecha. Grité parada en medio de la calle palabras obsenas. Amenacé a una amiga para que me devuelva el celular y poder llamarlo a M. y decirle lo mucho que lo amo. Logré que un chico me compre un pancho.
En el remis. Me dormí.
En casa nuevamente. 13 del mediodía. Mi biblioteca se mueve, el techo se mueve, la pared se mueve. Mierda sigo machada. Pero me acuerdo de un perfume y las cosas que no hice.
En el baño. Me lleno la mano de algo que pensaba shampú. No hace espuma. Me lleno de nuevo la mano. No hace espuma. Fuck, era acondicionador. No encuentro el delineador: hoy no me pinto.
En el cuarto. No se qué ponerme, asi que le mando un mensaje a la Morocha: decime ya ¿azul, rojo, rosa o verde?. Ella contesta: verde. Dos minutos después: no, azul. Dos minutos después: dice la Rubia que rojo. Me pongo rosa y chau.
En el remis. ¿Me peino? No, no tengo ganas, además no me pinté. No importa. ¿Traje plata? Creo que si. Espero haber cerrado la puerta. El remisero me mira por el espejito, ¿tan mal estaré?
En el Boliche. Promoción: speed + vodka 2 por 1. Tentador. Me divierto bailando como tengo ganas, que va generalmente muy en contra de lo que sería "bailar bien". Bailo y me rio. Después del 2do vaso me doy cuenta de que me está costando enfocar. Pero de alguna manera logro enfocarlo sólo a él, él es ahora mi centro de atención, lo único que veo. Tiene puesto un saco, que agarro atrevidamente para hablarle al oído. El sonríe y me convida de su vaso. Gran error. Su amigo me dice que él tiene novia. Él dice que no. Ante la duda elijo alejarme de él y su saco que me encanta. Que no sea una noche de errores.
En el baño. Me siento en las piernas de la policía, la abrazo y empiezo a criticar a los hombres. Feminismo innato. Me convidan mas vasos. Enorme error.
Otra vez en la pista. Él (el que tiene el saco seductor) me busca, quiere bailar. Me está costando mantenerme parada, lo agarro de la cintura y lo abrazo mucho (para no caerme). Su perfume me encanta. Pero tiene novia. Él me sigue convidando de su vaso. Iluso, piensa que ebria soy fácil. Se equivoca, es al revés. Pero sigo aceptando el vaso y aspirando su perfume. Gigante error
En la calle. Que se yo. En algún momento me debo haber caído porque me duele espantosamente la nalga derecha. Grité parada en medio de la calle palabras obsenas. Amenacé a una amiga para que me devuelva el celular y poder llamarlo a M. y decirle lo mucho que lo amo. Logré que un chico me compre un pancho.
En el remis. Me dormí.
En casa nuevamente. 13 del mediodía. Mi biblioteca se mueve, el techo se mueve, la pared se mueve. Mierda sigo machada. Pero me acuerdo de un perfume y las cosas que no hice.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Perfect lies
Siempre fui acosada por hombres perfectos.
El problema es que los hombres perfectos van y vienen, pasan por mi vida sin penas ni glorias, nunca terminan de cerrarme, ni de interesarme realmente. Cosa rara, porque la gente dice que uno busca la perfección. Pero la gente se equivoca mucho.
Hombres perfectos, agobiados de virtudes, pasaron por mi historia sin dejar sus huellas perfumadas de pasión, flores y bombones. Las noches con ellos no las recuerdo, supongo que fueron así: sólo perfectas.
Pero, por algún motivo, no fueron los hombres perfectos, sino él quién realmente llamó mi atención. Él, que lo era todo menos perfecto, que cargaba sus defectos a flor de piel, que a veces se mostraba débil, a veces fuerte, a veces frío y sólo conmigo tierno. Él que no prometía nada ni era capaz de darme el cielo. Él con sus manos pequeñas, sus miedos, sus ojos miel, sus dudas, su no saber expresar con palabras que compensaba con caricias interminables. Él tan cargado de historia, de dolores escondidos, de noches trágicas, de razones inexplicables, de causas perdidas, de ningún amor, de deseos de reencuentro, de ausencias irremediables...
Fue él. Él y no el batallón de hombres perfectos, quien logró encontrar en mi lo más lindo, con quien quise permanecer y compartir, con quien lloré y reí más. De quién me sentí dueña, cómplice y parte.
Pero ahora que su ausencia llena los días, el batallón de hombres perfectos ha vuelto, se hace imposible no extrañar sus manos y sus ojos miel, pero sobre todo sus imperfecciones.
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