jueves, 26 de marzo de 2009

Metidas de pata II

Voy caminando distraídamente hoy jueves, tipo 11 de la mañana (para los que sean de Tucumán: por Av Avellaneda justo en la puerta del Jardín de Edet) cuando me aborda una gitana joven. Como soy del tipo de buenuda que aun cree en la nobleza de los seres humanos y porque mi curiosidad me lleva hasta los límites, me detengo. A mí, de chica, me decían que los gitanos roban niños, no sé a uds, pero como me sentí lo suficientemente pesada como para que aquella mujer flaca pudiera robarme, quise saber que me decía. Me pide una moneda, obvio.
Entonces se nos acerca la gitana vieja del grupo (eran 3 mujeres) y me dice:
- No nos tengas miedo - tiene unos lindos ojos marrones como almendras - No somos malos. Es más, para que veas que somos gente buena... te voy a leer la suerte, dame la mano.
 
Como estábamos en medio de una vereda muy llena de gente, me corre hacia el lado de las rejas del Jardín (en el cual también hay gente). Y empieza a leer mi suerte:
- Mirá, acá se ve que sos una persona que sufriste mucho por culpa de los otros, pero que vos sos buena y nunca hiciste sufrir a nadie. Y mira, vos buscás el amor y la felicidad - Claro, así cualquier adivina la suerte ¿no les parece?

A partir de ahí siguió una secuencia que sinceramente no podría reproducir, porque fue rápido y confuso. Me prometió algo, tocándose el vientre, y hablándome de su hijo aún no nacido. Y aquí viene la parte en la que soy más pelotuda de lo habitual. Me dice que ella sabe que estoy cargando dinero que no es mío y que ella va a hacer magia para que se me triplique. Yo, pavota grande, pensando que me iba a hacer un divertido truquito de magia, saco un billete de 50 pesos (plata mía y de 2 amigos para comprar las entradas a un recital del sábado) y se lo doy. 

La gitana me dice no se que sarta de cosas, otra vez sobre su hijo no nato y prometiéndome buena suerte y no se qué de Dios. Levanta las 2 manos y cerca de mi oreja rompe el billete.
- Nooooooooooooo - Las 2 gitanas jóvenes nos rodean y una le tira unas gotas de quien sabe que al billete roto en la mano de la gitana, que me la extiende y lo muestra:
- Esto no es importante, no le tenés que dar importancia. Mirá, si vos confiás en mi, hoy a las 2 de la tarde jugá a la quiniela... - algo sobre el número, que me toque la nariz 4 veces y que baile desnuda en luna llena... algo así, no sé, ya no la estaba escuchando, tenía la vista puesta sobre mi dignidad y confianza, hechas trocitos de papel mojado en su mano izquierda.
- No, no entiendo - le balbuceo y empieza a repetir de nuevo el ritual absurdo que debo seguir para que milagrosamente vuelvan a mí esos 50 pesos.

¡Que desolación! No sabría explicar el nudo de vergüenza e indignación que se me formó en la boca del estomago. Una sensación horrible que me subió a la garganta y a los ojos. Intenté contener las lágrimas... y entonces tuve una pizca de sentido común y decidí no contenerme... y darle utilidad a esa agüita salada.

Empiezo a llorar convulsivamente, dejando los brazos caídos a los lados, sin taparme la cara. La gitana me mira sorprendida.
- No, no, no ¡pero no llores! tenés que confiar en mi o te van a salir gusanos de la concha y pis amarilla de la nariz - Las 2 gitanas jóvenes empiezan a ponerse incomodas y a mirar a los costados; una de ellas me dice despacio al oído: Y no le contés a nadie.

Ahí está, la estafa quedó al total descubierto. Aspiró largo y hondo y empiezo:
- BUAAAAAAAAAA BUAAAAAAAAA BUAAAAAAAAAAAAAA - lloro con muchas lágrimas y mocos, se me empieza a tapar la nariz y mi cuerpo tiembla.

La gitana balbucea algo sobre la confianza y los gusanos, la pis y no sé qué de Dios. Pero yo sigo llorando a los gritos y a los mocos, con toda la fuerza que tengo, en una vereda céntrica un jueves a las 11 de la mañana. La gente nos mira, claro... y empieza a detenerse... rápidamente nos rodea un círculo de 6 personas que nos miran con curiosidad. Las 2 gitanas jóvenes están lejos, se van caminando. Y la vieja se da cuenta.
- Bueno, bueno, veo que no vas a confiar en mi - Abre la mano en la que tenía el papel mojado y, ahí mismo, aparece el billete escondido e intacto - pero ya que te leí la suerte dame una colaboración de 2 pesos.

Tomo, aún llorando, el billete y me lo guardo en el bolsillo nuevamente. Me doy la vuelta y empiezo a caminar, la gitana me sigue diciendo no se qué de Dios y los gusanos, la gente sigue parada mirando la escena.

Podría decir que fue un llanto fingido. Pero, en realidad no fue fingido, sino utilizado con un propósito. Porque las lágrimas eran muy en serio. Más allá de la plata perdida, de la vergüenza ante mis amigos, del recital al que no podría ir. Me sentí tan pero tan estúpida, tan traicionada, tan injusto todo. Pero bueno, salió bien, no hubo pérdidas.

Moraleja: no ser tan pelotuda; no confiar en los gitanos, ciertos mitos populares son ciertos; no confiar en la nobleza humana de alguien que nos quiera hacer un truquito de magia con plata.