Y mientras él cantaba songs of freedom, yo me enamoraba de su sonrisa. Así que nos dedicamos, sólo durante un tiempo, a perdernos en la montaña, a volar con el viento, a buscarnos entre humo de cigarrillos y demases, a hacer del lugar más incómodo nuestro lugar, a ver las estrellas y los amaneceres.
Yo disfruté de sus ojos y él de mi cintura, el tiempo que nos tocó estar juntos. No hubo despedidas lacrimosas ni promesas para romper. Un amor de verano tal como corresponde.