Generalmente esperábamos despiertos el amanecer.
Vah... para ser más precisa: el amanecer nos esperaba a nosotros,
retrasándose, cuánto más mejor, para alargar nuestras noches de insomnio.
Hasta que, finalmente, nos sorprendiera su luz en medio de nuestro abrazo.
Y lo recibíamos felices, a más no poder, abriendo tu ventana.
Entonces sentada en la cama, prendía un cigarrillo y miraba los árboles.
- No me gusta cuando fumás, porque me dás la espalda y estás como lejos - decías.
Sonreía y, mirándote de reojo, te explicaba.
- Lo hago para que empecés a extrañarme antes de que me vaya.
"If I lay here, if I just lay here
Would you lie with me, and just forget the world?"
3 comentarios:
A dónde se irán esos momentos, no? Qué peso tendrán?
Eso es lo malo de los momentos hermosos...se te quedan pigmentados en la memoria, en la piel, en los amaneceres, en los ojos...
Que lindo recuerdo.
Pero es verdad, se quedan ahi para siempre.
"Noches de pasión desaforada y ternura cómplice que aún, y a pesar del tiempo, se extrañan."
Siempre me pasa eso...
SAludos!
Publicar un comentario